Nuestro sistema jurídico penal tiene un voluminoso articulado en lo que que refiere a la sanción penal en casos de femicidios, abusos, trata de personas y violencia de género.
Asimismo, la doctrina interpela al Estado para prevenir el delito y proteger a las potenciales víctimas que se encuentran en situación de vulnerabilidad.
Sin embargo, pareciera que toda esta normativa no es suficiente. Las estadísticas muestran que el número de femicidios aumenta año a año.
Los y las operadores jurídicos (magistrados/as, abogados/as, legisladores/as) entendemos el derecho a partir de categorías analíticas. Así, en el derecho penal en general se habla de sujeto activo (quien comete el delito) y sujeto pasivo (la víctima de ese delito). Son estás categorías y otras las que nos permiten analizar si una hecho configura o no un delito.
Ahora bien, al momento de hablar con las personas afectadas de delitos que afectan la integridad sexual, lo cierto es que utilizamos las mismas categorías analíticas: “víctimas”. En ese instante la persona entra en un proceso de crisis acerca de su identificación que puede dificultar la investigación e, incluso, exponer a la persona a un riesgo mayor de ser objeto de otro delito.
Cuando hablamos de delitos que afectan la integridad sexual, la mayoría de las personas afectadas son las niñeces, mujeres y LGTBI+. Asimismo, las personas se encuentran en una situación de vulnerabilidad que es aprovechada por los delincuentes, quienes sutilmente logran impregnar en la psiquis de su presa la noción de culpa: sos culpable de lo que te pasó, vos te lo buscaste, vos provocaste, si hablas sos culpable de lo que vaya a pasar… En definitiva, las víctimas se transforman en victimarios. Y luego, al ingresar a la esfera jurídica, para mayor contradicción, se les dice que son víctimas.
La Biodecodificación nos brinda algunas herramientas que pueden resolver esta contradicción. Esta terapia holística es muy amplia en su contenido, solo me referiré aquí a los personajes que encarna nuestra entidad egoica.
La Biodecodificación nos dice que cada quién asume un personaje a partir del cuál interpreta su realidad y se relaciona con otras personas: el victimario, la víctima y el salvador.
Quien delinque, claramente, asume el personaje de victimario. Y, es a partir de este personaje que hábilmente intenta cambiar con su víctima los roles. De este modo, la persona afectada siente culpa por lo que le pasó y, además, se ve obligada a callar para no generar más daño.
Cada operador/a jurídico/a, por su parte, asume el rol de salvador/a qué intenta rescatar a la persona afectada del delito. Sin embargo, para lograr salvar a alguien, requiere colocar al otro/a en el lugar de víctima: “la pobre mujer que necesita ayuda para salir adelante”.
Es en este punto es que el sistema jurídico falla: colocamos a la persona en un lugar de necesidad, de inferioridad de poder. Entonces, la víctima siempre estará afectada por esa situación de vulnerabilidad y le será dificultoso salir adelante con su vida.
La Biodecodificación nos enseña que nadie puede salvar a nadie sino que, por el contrario, cada quién hace su camino a su manera. En consecuencia, lo primero que debemos que tener presente como operadores/as del derecho es que brindamos un servicio que no asegura un resultado ni puede salvar a persona alguna.
En segundo lugar, es importante analizar en qué lugar colocamos a la otra persona: ¿la vamos a ver y le vamos a hablar como si fuera una víctima o bien como una guerrera que pese a las dificultades, tomo coraje para hablar, denunciar y buscar un camino distinto?
El cuarto personaje al que debemos aspirar es el de guerrero o héroe: artífice de su propia vida, empoderado e independiente.
Si como operadores del derecho asesoramos a a las “víctimas” del delito, viéndolas y tratándolas cómo heroínas, le transmitiremos confianza y fortaleza para hacer frente al proceso penal y para encarar su vida con valentía.
La perspectiva de género en el derecho penal exige un cambio de paradigma. Comprender el poder de las palabras, a la luz de la Biodecodificación, puede ser el puntapié inicial para grandes transformaciones culturales.
